Resignación y desconocimiento, retos a prevenir en vejiga hiperactiva

12/10/2009 Correo Farmacéutico
Incontinencia. Un estudio demuestra que aunque esta patología afecta al 20 por ciento de la población, más del 70 nunca ha oído hablar de ella.

Marta Escavias
Alrededor del 20 por ciento de los mayores de 40 años sufre el síndrome de vejiga hiperactiva, que afecta al 23,6 por ciento de las mujeres y al 15,4 por ciento de los hombres y, sin embargo, tres cuartas partes de la población nunca ha oído hablar de esta patología, según apunta el Estudio de Opinión sobre Vejiga Hiperactiva en España, auspiciado por Pfizer y presentado en Madrid la semana pasada.
Este colectivo se ve afectado por un aumento de la frecuencia miccional (más de ocho veces al día), urgencia urinaria (necesidad repentina) e incontinencia por urgencia (pérdidas involuntarias). Se debe a la aparición de contracciones en la vejiga y los pacientes lo aceptan con resignación y muchas veces tardan hasta dos años en consultar a su especialista por vergüenza. Y es que en el 40 por ciento de los casos éstos se muestran reacios a acudir al médico por pudor y la mayoría sigue recurriendo a los absorbentes como paliativo (32,7 por ciento de los participantes).
"Esta medida no es suficiente y los pacientes deben acompañarlos de tratamiento farmacológico y consejos higiénicos y dietéticos como entrenamientos de la vejiga, lo que supone un esfuerzo mayor" indica CF Salvador Arlandis, jefe del Servicio de Urología del Hospital de la Fe (Valencia).
La dieta también influye en estos enfermos. Por ejemplo, no deben tomar bebidas con cafeína o teína ya que son irritantes y genera en ellos más urgencia.
Asimismo, existe un grave problema de confusión que frena también el buen pronóstico. "La gente mayor piensa que es un trastorno asociado a la edad y no lo consultan, y para los jóvenes es prácticamente un tabú. Por ello, está claramente infratratada", añade Arlandis.

Calidad de Vida
Lejos de otras patologías crónicas como la depresión, la diabetes o la hipertensión, los expertos califican la vejiga hiperactiva como uno de los trastornos que resta más calidad de vida.
"Es un problema crónico que interrumpe la secuencia vital por la frecuencia y la urgencia que impide llevar a cabo actividades normales", indica Arlandis. Esto influye en su autoestima que cada vez más baja hasta el punto de que hay pacientes que deciden no salir de casa y abandonar sus hábitos, influyendo también en su vida social", indica Jesús Moreno, urólogo del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid.
A esto hay que añadir que tampoco se puede prevenir, ya que su origen no está claro. "Parece que es más frecuente en mujeres, pero los hombres con hiperplasia benigna de próstata también lo sufren", aclara Moreno. Asimismo, el trastorno de vejiga hiperactiva puede aparecer por algún tipo de problemas neurológicos como el Parkinson o alteraciones vesicales.
La terapia actual consiste en el uso de anticolinérgicos, que suelen tener un bajo porcentaje de éxito y cuyo principal efecto adverso es la sequedad de boca, lo que provoca que muchos pacientes abandonen el tratamiento (ver información inferior). En los casos más graves refractarios a la farmacoterapia, puede practicarse cirugía, aunque sólo se realiza en el cinco por ciento de los afectados.

Nueve de cada diez pacientes afectados abandonan el tratamiento antes del año
El 92 por ciento de loa pacientes que sufren el síndrome de vejiga hiperactiva abandonan el tratamiento farmacológico durante el primer año de prescripción médica. Así se desprende del proyecto Perversha, auspiciado por Astellas, y que ha sido coordinado por 269 urólogos y ginecólogos españoles.
En concreto, los resultados muestran que dos de cada tres pacientes no exceden a los seis meses de tratamiento, y sólo el 8 por ciento continúa con él pasado un año. En este sentido, los expertos consideran que se debe fomentar la comunicación entre el paciente y el médico y eliminar el factor vergüenza que persigue a esta patología.

Resultados no deseados
Entre los motivos aportados por los pacientes, el 68 por ciento abandona la medicación porque considera que su enfermedad no se está curando en la medida que esperaba y porque cree que el tratamiento prescrito no es la solución más adecuada. Además, al 58 por ciento le cuesta convivir con efectos secundarios.
La interrupción de la terapia supone un problema en el control de una patología en la que sólo se aprecian los resultados a largo plazo. Asimismo, esta falta de cumplimiento provoca una percepción errónea en el paciente sobre su dolencia, lo que genera falsas expectativas acerca de la eficacia de los medicamentos. A esto se añade que el 75 por ciento asegura que los pacientes no son conscientes que tienen una enfermedad crónica.