| Merma en calidad de vida y aislamiento social: consecuencias de la incontinencia urinaria |
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16/02/10Fuente: laverdad.es La incontinencia urinaria es un trastorno que afecta a más de seis millones en España pero sigue siendo difícil de diagnosticar por la vergüenza y el estigma social que le rodea, que constituyen importantes barreras sociales para que estos pacientes «hablen abiertamente sobre su enfermedad», según ha destacado la Asociación de Pacientes con Pérdidas de Orina y Urgencia Miccional (APPO). Además, tras concluir su campaña informativa Conversación en Confianza, que se ha desarrollado en distintas poblaciones españolas, dicha asociación ha detectado que esta vergüenza se produce tanto en su entorno familiar como con el médico, que tiene que indagar para que el paciente hable de sus síntomas, lo que afecta a la calidad de vida de los pacientes y en muchas ocasiones puede llegar a producir depresiones, disminución de la calidad del sueño, baja autoestima o aislamiento social, entre otros. «Las pérdidas de orina continúan siendo un tabú y, a pesar de que los médicos preguntamos, los pacientes casi nunca se atreven a hablar sobre sus síntomas y hay que insistir mucho», explicó Mikel Goitia, ginecólogo del Hospital de Cruces de Barakaldo (Vizcaya). En cuanto a la vejiga hiperactiva, enfermedad caracterizada por la urgencia miccional, habitualmente con frecuencia urinaria y necesidad de levantarse por la noche para ir a orinar, el 40 por ciento de los pacientes no se lo explican a sus parejas pese a que, como reconoce Diniz Almeida, secretario ejecutivo de APPO, es «importante crear un diálogo de confianza». Pérdidas involuntarias La incontinencia urinaria y los síntomas relativos a la disfunción del TUI son de alta prevalencia en la población anciana, variando en los diferentes estudios entre un 5 y un 15 por ciento de los ancianos que viven en la comunidad y alcanzando hasta el 50 por ciento en los pacientes institucionalizados (18,19). La incontinencia se considera, en forma equivocada, como un cambio normal del envejecimiento. La llamada incontinencia por urgencia o vejiga hiperactiva es la forma más frecuente de pérdida involuntaria de orina en los ancianos, especialmente de sexo masculino, y está asociada a un fuerte deseo de orinar. Son aquellos pacientes que no tienen tiempo para llegar al baño y presentan una necesidad inminente de orinar, acompañándose con frecuencia de polaquiuria y nicturia. Por otra parte, la denominada incontinencia urinaria por esfuerzo, es probablemente la forma más común en mujeres menores de 75 años. Se desencadena por aumento en la presión intraabdominal en presencia de tos, estornudos, risa o cambios posturales. Las pérdidas de orina son escasas e infrecuentes, pero en algunos casos pueden llegar a ser volúmenes considerables. La incontinencia urinaria por estrés es debida a la afección de las estructuras de soporte que rodean la vejiga y la uretra. Otro de los tipos de incontinencia es la de rebosamiento, aunque ésta tiene escasa incidencia en la población anciana ya que apenas representa el 10 por ciento de los casos. La sintomatología es variable y su diagnóstico diferencial se debe hacer con la incontinencia por urgencia o la de estrés. Los pacientes pueden manifestar sensación permanente de vejiga llena o de vaciamiento incompleto, con pérdida periódica de orina y suelen quejarse de dificultad para la micción. Es un problema más frecuente en la mujer que en el varón y la frecuencia aumenta claramente con la edad. Se estima que en España afecta aproximadamente a unos 2 millones de personas, de los cuales unas 800.000 serían mayores de 65 años no hospitalizados. A partir de esa edad la frecuencia se incrementa aceleradamente. En las personas mayores las alteraciones cognitivas y del aparato locomotor, así como otras enfermedades, facilitan la aparición del problema. Un estudio ha determinado que en España este problema afecta al 15,5 por ciento de los mayores de 65 años no ingresados; al 35 por ciento de los pacientes hospitalizados; y hasta al 50 por ciento de los ancianos que viven en residencias. |






